sábado, 2 de mayo de 2020

Novedades varias y una previsión tétrica.


Oficialmente hasta el día 10 de abril del 2020 no habíamos tenido pacientes de COVID en el H.G.D.A.V., aunque al parecer, en el imaginario colectivo de los trabajadores, los casos catalogados como las famosas neumonías atípicas e influenza eran (o son, porque algunos de ellos continúan en el hospital) en realidad pacientes infectados por el coronavirus y atribuyen a las autoridades el ocultamiento de la realidad.
Pues bien, finalmente el día que tenía que llegar llegó, o mejor dicho, el primer paciente oficialmente reconocido como caso de COVID – 19 ya llegó al hospital. Se recibió en la tarde del mencionado pasado 10 de abril, no me consta que con un diagnóstico confirmado aunque al parecer con la indicación de tratarlo como tal.
Al menos así trascendió entre los trabajadores, porque información oficial no hay, quizá sería deseable tenerla pero también un poco desgastante para los directivos del hospital tener que salir a aclarar o emitir una declaración o una postura oficial ante cada rumor que corre en el hospital, no terminarían nunca, así que mejor no dicen nada, dando pie así a toda una ola de los más variopintos rumores. Aunque lo hicieran, de todos modos estoy seguro que los chismes no faltarían.
Mentiría quien dijera que estamos ya preparados para la emergencia o contingencia, o lo que sea. Mentiría también quien dijera que los trabajadores no tenemos miedo e incertidumbre. Agregue usted a esto las noticias que hemos visto de sitios como aquella clínica del I.M.S.S. en Monclova o aquella otra en el estado de México, donde muchos trabajadores contrajeron el bicho y podrá imaginar mejor el panorama.
Además los procedimientos no son claros ni están bien definidos, de hecho creo que eso sería normal, después de todo es la primera vez que enfrentamos una pandemia como ésta, a mi parecer la de la influenza se queda pequeña a su lado, y aunque alguna experiencia se tiene, todo lo demás no.
Por ejemplo, hace días se acondicionó lo mejor que se pudo una área especial a la que nombraron “Urgencias COVID”. Hasta ahí todo bien, se aisló lo mejor que se pudo de otras áreas y se organizó el mobiliario y personal asignado. Pero luego alguien preguntó que si se tenía previsto recibir únicamente pacientes adultos y qué pasaría en el caso de que hubiera pacientes pediátricos. Así entonces volvieron a hacer obras para instalar justo a un lado el área que llamaron “Urgencias COVID pediatría”, misma que inicialmente no estaba prevista. Y así se va avanzando, dando palos de ciego, o bueno, haciendo ajustes sobre la marcha.
Por otro lado el personal asignado (médico, enfermería y camilleros) tuvo alguna capacitación, sobre todo en el uso correcto de los elementos de protección personal con los que ahora he podido ver que ya se cuenta, no sé si en la cantidad adecuada y si se podrá garantizar su disponibilidad continuamente pero el personal ya recibió instrucción sobre las formas correctas y seguras de ponérselos y quitárselos. Ahora sí ya pude ver los trajes blancos, como overoles de una sola pieza que cubren de pies a cabeza, vi que hay lentes protectores y caretas transparentes. Es de suponer que se tienen también guantes y mascarillas.
Lo malo de ésto es que no se ha acondicionado bien el área para poder hacer el importantísimo proceso (de ponérselos y quitárselos) en forma segura o al menos esa percepción se tiene entre el personal. Y hasta donde sé el personal de limpieza no ha tenido ninguna capacitación especial ni han recibido equipo de protección. ¿Entonces cómo van a entrar a hacer el aseo en esas áreas? ¿O se piensa que esas áreas no necesitan ser limpiadas? ¿O creen las autoridades que lo harán los médicos y enfermeras? Además del personal del aseo pienso en los compañeros que lavan el material. Porque no todo es desechable. Las mascarillas sí, ¿pero los trajes? No lo creo. Si se tratara de batas sería seguramente la elección, pero supongo que el costo de los trajes hará impensable desecharlos tras un único uso. Los goggles definitivamente no, según entiendo se ha dado la indicación que tendrán que ser de uso personal y reutilizables, así es que tendrán que ser desinfectados. El mismo tratamiento recibirían, supongo, las caretas. Hay también una especie de cubierta de material transparente que se coloca sobre la cabeza y hasta los hombros del paciente, no sé cómo se llama pero se parece a una vitrina, de modo que protege al personal sanitario de aerosoles perniciosos al colocar, retirar o aspirar secreciones de un tubo endotraqueal, y que seguramente tampoco es desechable y tendrá que ser reutilizada después de ser adecuadamente aseada.
El personal médico, de enfermería y camilleros han estado practicando las maniobras que seguramente tendrán que realizar con los pacientes y al menos ya están en cierta forma prevenidos. Así es que hay alguna preparación, no sé si completa y adecuada.
Otro aspecto que puede ser crítico es el de los famosos ventiladores. Y aquí la cosa se pone tantito peor. En días pasados se dio a conocer en redes sociales y en algún portal local de noticias una denuncia, según me parece anónima, dirigida lo mismo a las autoridades del H.G.D.A.V., que a la sección 35 del S.N.T.S.A. y al gobernador del estado y hasta al mismísimo Sr. Presidente de la República, sobre la situación oscura e irregular en el área de Inhaloterapia del hospital. En éste mismo espacio he comentado anteriormente algunas generalidades sobre la persona que ha hecho del área su feudo particular donde no ha permitido injerencia alguna, de nadie, y donde se le ha consentido durante años señorear a su gusto y conveniencia. De las acusaciones que se le hace en la mencionada denuncia no puedo asegurar nada, son rumores que ha habido desde hace mucho, quizá es el mismo proceder de ésta persona lo que hace que se despierten las suspicacias en torno a ella. En lo personal creo que definitivamente algo turbio hay en el fondo. Es eso o se trata solamente de una persona celosísima de su deber, tanto que no deja que nadie ni siquiera toque “SUS” ventiladores, a veces se molesta incluso si alguien se atreve a merodear frente a la puerta o por el pasillo donde queda Inhaloterapia.
Recientemente llegó al hospital personal externo, enviado no sé de dónde, a revisar y quizá reparar los ventiladores del lugar y trajeron además otros materiales y equipo y sí me consta que no fueron muy bien recibidos por la encargada. Así es que me da por pensar que por ahí está el origen de la denuncia que fue publicada con todo y fotos tanto de los materiales y equipos como de la persona señalada. En fin. Justamente hace unos días comentaba con algunos compañeros la situación del área y me preguntaba si no era ahora el momento preciso de agregar más personal al área de Inhaloterapia o incluso de poner al frente a otra persona. Y es que considere usted, el hospital trabaja las 24 horas del día y en todas las áreas hay 3 turnos, excepto en inhaloterapia. Hay solamente una encargada para los tres turnos. No es conveniente ni adecuado. A todas luces. Puede haber un jefe único, pero lo más recomendable sería tener además un encargado en cada turno, además de otra persona más para los fines de semana y días festivos, por lo menos.
Así es que todos estamos expectantes sobre lo que va a suceder. En lo personal me dio gusto ver que se estuvo probando uno de esos llamados “Túneles sanitizantes”, de unos tres o cuatro metros de largo donde al interior hay un ambiente cargado de ozono, al parecer, y que supuestamente al atravesarlo saldrá uno del otro lado completamente estéril, pero no de ESA clase de esterilidad, sino que vamos, emergerá purificado, aunque tampoco de ESA clase de purificación, en fin, usted sabrá entender a qué me refiero. Sin embargo lo instalaron, lo probaron, tomaron fotografías y ya luego no lo volví a ver. Espero que pronto lo instalen y quede ahí de forma indefinida, y no lo hayan puesto nada más para la foto. Me da por pensar que una vez que lo pongan las autoridades se pondrán estrictas en no permitir que nadie salga una vez adentro, al menos hasta el final de su jornada, porque seguramente sale carísimo tenerlo funcionando todo el día y permitir que alguien salga o entre después de contaminarse ya sea afuera o adentro daría al traste con la intención de mantener el ambiente lo más sano posible tanto afuera como adentro. Así que seguramente funcionará exclusivamente en horarios de entrada y salida y nada más. En fin. Por mi parte prometo ni siquiera intentar salir del hospital en horario laboral pero, por favor, que lo pongan a funcionar ya.
Entre el personal asignado a las áreas COVID se ha establecido una especie de pacto un tanto siniestro según mis nervios. Creo que es algo entre ellos nada más, es decir que no ha habido intervención de las autoridades en ello. Sucede que al parecer han acordado mantener siempre disponibles en reserva dos camas de las áreas mencionadas con la intención de destinarlas a la atención de los propios compañeros que llegaran a requerirlo por haber contraído el virus. Es un tanto conmovedor, solidario. Dicen que no enviarán a ningún compañero al ISSSTE, ni a ningún otro lado, que ahí mismo harán todo lo posible para asegurase de que reciba la mejor atención que pueda dársele. Me parece justo.

El eventual no tiene quien le pague.


Quince días llevamos esperando nuestro pago los eventuales al servicio de los S.S.O., ¿o del INSABI? La verdad es que no lo sé. Lo que sí sé es que cada día sin falta acudimos a los cajeros automáticos a ver si ya, por fin “ha caído”, para constatar si ya ha llegado el pago de la quincena, pero inútilmente. Y mi gallo (AMLO) en el que tenemos (tengo) puestas mis esperanzas nada más no termina de darnos una victoria contundente.
Estos primeros tres meses del 2020 nuestro pago ha sido mensual, por angas o por mangas, cuando lo normal es que sea quincenal, así lo estipula nuestro contrato, pero parece que ahora lo quieren hacer así, cada mes.
Lo malo es que no hay una explicación oficial, no han habido comunicados, oficios, alguna declaración que nos de tranquilidad o certeza de qué es lo que está pasando. Lo que sí hay, y mucho, son los rumores: Dicen por aquí, dicen por allá, dicen, dicen y dicen. Pero nadie sabe con seguridad. Y si alguien lo sabe, no lo dice. Eso perjudica demasiado el ambiente laboral. Y el chismorreo es algo muy arraigado en el hospital. Tan sólo la semana que acaba de pasar (del 13 al 19 de marzo) se armó un pequeño alboroto que estuvo a punto de degenerar en caos por que se empezó a correr el rumor el día viernes 13 (¡qué caray!) de que teníamos en el hospital:

D O S    C A S O S    D O S

nada más y nada menos que de COVID-19. Y lógicamente eso sería el inicio del fin. Lo primero que pasó es que misteriosamente empezaron a desaparecer las mascarillas (cubrebocas) ante lo cual se tuvo que empezar a racionarlos. Hasta antes de eso uno podía, en cualquier servicio, sólo ir a donde se guardaban y tomar uno que a la mitad de la guardia se podía cambiar por otro. Pero ahora ya no, al inicio de la guardia se tiene que solicitar uno con la jefa de servicio que lo entrega con la aclaración de que será el único que se proporcionará en todo el turno. En valoración crítica, que es el servicio donde ser recibe a los pacientes que llegan a solicitar atención médica de urgencia, el personal entró en un modo de funcionamiento especial (que yo llamo “Modo por si acaso”) y no precisamente por indicaciones de la dirección sino motu proprio. Se les podía ver entonces andar por ahí a todos cubiertos hasta los dientes, bueno, en la medida de lo posible claro, porque no tenemos esos equipos de buzo-astronauta que todos vimos que usan en china y europa, pero pues peor es nada, así que sacaron unas batas de las que sí tenemos, unas delgaditas, casi transparentes, de color amarillo, que realmente dudo, admito que quizá por ignorancia, que sirvan de algo aunque de verdad espero que sí, de todo corazón así lo espero porque será seguramente nuestra única protección a la cual nos encomendaremos en el casi seguro escenario de tener que atender pacientes afectados por el COVID-19. Eso y mis estampitas que dicen: “¡Detente, coronavirus!” Y nada más, ya que no se cuenta hasta el jueves 19 de marzo con los EPP (Elementos de Protección Personal) recomendados para su uso en la atención a pacientes diagnosticados con COVID-19. Es cierto que de momento no son necesarios porque no tenemos ese tipo de pacientes pero, ¿qué pasaría en caso de que lo fueran? Le daré una pista: Empezaríamos a caer como moscas.
Más tarde, ese mismo día, ya que había personas cerca de entrar en pánico (así como lo leen, en pánico) y que el rumor se había desbordado a las redes sociales, la dirección emitió un comunicado, el oficio 888 / 2020. ¿Ya tan rápido casi novecientos oficios se han girado en menos de 3 meses? ¡Es decir a un promedio de unos diez por día! Caray, así hasta parece que trabajamos… Bueno, el caso es que en resumidas cuentas el mensaje fue: “Vamo’ a calmarno’”. O como quien dice: “Keep calm and work normally”.
La verdad es que aunque no debemos caer en pánico, el panorama no es muy halagüeño, las mismas autoridades del hospital reconocen que no estamos preparados, no hay un plan bien definido, no tenemos los materiales necesarios, no se han acondicionado los espacios en forma adecuada, vamos dando pequeños pasos en forma indecisa y muy lentamente. Hay incluso quienes opinan que hace falta un liderazgo más activo, más determinado y más fuerte. A pesar de que se supone que los pacientes de COVID-19 serán atendidos en el Hospital de la Mujer, que será habilitado en algún momento ya que ahora mismo no está listo tampoco, la realidad es que es casi seguro que habrá casos así en el HGDAV, que no los hubiera en absoluto sería un verdadero milagro, porque éste es un Hospital de concentración, aquí nos envían pacientes de todos lados: otros hospitales públicos, centros de salud y hasta de hospitales privados y por las más extravagantes razones, que hasta se tuvo que emitir un comunicado exhortando a esas unidades que nos envían a sus pacientes a ser más resolutivos (a que le echen más ganas, pues) porque llega un momento en que aquí no cabe un paciente más, en detrimento de la atención que se brinda. La verdad es que el personal del servicio de Valoración Crítica, Urgencias Adultos y Urgencias Pediatría son verdaderos guerreros que merecen mejores condiciones laborales, ya no hablemos de remuneración económica, sino al menos que puedan contar con los materiales necesarios.
Los pacientes más graves requieren un ventilador, un aparato que les auxilia en la función respiratoria. De éstos aparatos tenemos una sala llena en el HGDAV, no sé cuántos son pero yo diría que son unos 30, de los cuales tampoco estoy seguro de cuántos realmente sirven. Y una sola persona es la que se encarga de ellos, por extrañas razones. Cuando ella no está y se requiere uno hay que esperarse a que vaya para proporcionarlo y cuando sí está pues también, hay que esperarse a que lo ponga.
Ahora mismo esa rampa que hasta ahora ha sido completamente inútil, y seguramente ha costado tanto dinero, podría ser de gran utilidad para el ingreso y egreso de éstos pacientes evitando en gran medida tener que desplazarlos por pasillos donde hay mayor afluencia de personas. Pero desafortunadamente a pesar de tanto tiempo que ha pasado desde que inició su construcción, no está completamente terminada y no está en funcionamiento. Sería de una gran ayuda poder contar con éste acceso y de alguna manera justificaría en cierta medida al menos una parte del costo que ha tenido.
Entre las medidas que sí se están tomando tenemos que enviarán a tomar sus vacaciones en forma anticipada a todos aquellos trabajadores que tienen un riesgo adicional en caso de exposición al virus, así es que mujeres embarazadas, mayores de 60 años y quienes padezcan hipertensión, diabetes o alguna otra condición que los ponga en desventaja no están trabajando. Sin embargo, aunque el comunicado menciona que cualquier persona que se encuentre en uno de los supuestos anteriores puede solicitar el beneficio, a la fecha a compañeras enfermeras que están embarazadas y que son personal eventual se les ha negado la posibilidad por parte de la supervisión de enfermería con el pretexto de que “son de contrato”.
Por otro lado se ha dispuesto que ni médicos internos (estudiantes) ni residentes (estudiantes de alguna especialidad) atenderán casos sospechosos de COVID-19. Así es que tendrán que verlos los adscritos. Que además de no ser muchos, no todos estarán seguramente dispuestos en las condiciones actuales.
Yo no descarto en los próximas días en el HGDAV un suceso como el que se presentó en la Clínica 66 del IMSS, en Xalapa, Veracruz: El personal suspendió sus actividades por unos minutos ante la llegada de pacientes con sospecha de ser casos de coronavirus, solicitando el material del cual tampoco disponen y que necesitan. Después de todo, tenemos aquí médicos incluso en puestos directivos que opinan que eso es justamente lo que deberíamos hacer en caso de que las carencias persistan. Me resulta algo jocoso comentar, como muchos opinan en el H.G.D.A.V. que nuestro médico en Jefe en epidemiología hospitalaria suele ser el primero que sale corriendo cuando llega un caso sospechoso o confirmado de influenza, por ejemplo, (es bien sabido que más de una vez se ha negado en redondo, como caballo ante una valla, a bajar del olimpo a revisar a un paciente o a ayudar a darle la atención) no quiero ya pensar qué haría ante un caso de coronavirus.
Dígame usted si no es cierto que ante éste panorama toman aún más relevancia las precauciones sugeridas como el lavado frecuente de las manos, evitar las aglomeraciones, evitar saludos de mano o con besos, evitar tocarse la cara, cubrirse nariz y boca al toser o estornudar con el ángulo interno del codo o en un pañuelo desechable y luego lavarse las manos.

Nuevas tribulaciones de un trabajador sanitario en un establecimiento sanitario.


Otro día, otro servicio. Recibimos a un pacientito con una herida en el lugar más delicado en que se puede lastimar un niño. Obviamente tenía dolor, pero existía la necesidad de hacerle una curación y a pesar de su sufrimiento, o precisamente por ello, se resistía a cooperar. Era un chiquillo simpático, un poco mal hablado pero creo que también muy travieso. Me pidieron que ayudara a sujetarlo físicamente así que le tomé por los brazos, en un último momento el chico se armó de valor pero como creyó necesitar de un apoyo más grande me pidió que le soltara un momento la mano derecha.

  • Por favor, nada más un ratito, quiero hacer algo. – Yo dudé y miré a la enfermera que lo asistía quien entendió la pregunta que quise hacerle y por alguna razón consintió en ello.
Yo no estaba muy convencido así que con reservas lo hice. Y enseguida el muchachito acabó por ganarse mi simpatía porque procedió a persignarse y luego él mismo volvió a ofrecerme su brazo para que lo sostuviera. No pude menos que sonreír y empecé a hablarle para infundirle ánimos y tranquilizarlo un poco. Le dije que todos los presentes personificaban el auxilio que había pedido, que estaban todos vestidos de blanco porque no eran sino los ángeles enviados en su momento de necesidad.

  • ¿Y esa persona que está de rojo? – Me preguntó señalando con la mirada a una residente que andaba ahí de pijama quirúrgica.
  • No la tomes en cuenta - Le dije – Ella es de otro servicio.
Bueno, en realidad esto último no ocurrió. Aunque habría sido divertido, creo yo. Pero sí andaba por ahí una médica de pijama de color rojo pálido o palo de rosa o mamey intenso o papaya intenso. El caso es que no tuve su atención por mucho tiempo porque seguía sintiendo dolor. En un momento dado dijo:

  • ¡Quiero apretar algo! ¡Quiero apretar algo!
  • A ver, aquí, aprieta mi mano. – Le ofrecí y aceptó. Me sujetó con fuerza unos momentos y luego dijo:
  • ¡Quiero morder algo! ¡Quiero morder algo!
  • ¡Entonces suéltame! ¡Suéltame! – Le dije y algunos de los presentes rieron, lo que a mí me pareció además de poco profesional una falta de comprensión solidaria no sólo con el sufrimiento del niño sino con el mío propio.


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Supongo que en todas las actividades humanas se cuenta, además de una jerga especializada, con utensilios propios de dicha actividad, incluso personajes varios cuentan con todo un arsenal de accesorios para valerse de ellos en la realización de sus hazañas. Tenemos por ejemplo al archifamoso “chipote chillón” del Chapulín Colorado; el Capitán América cuenta con su famoso escudo y la Mujer Maravilla con su látigo. Recuerdo un famoso personaje televisivo que contaba con un singular aparatejo similar a lo que el Dr. Chun-ga podría llamar algo así como un “sistema proporcionador de la visualización en tamaño aumentado de la realidad”, de realidad aumentada pues, o de realidad virtual, al que éste personaje llamaba “Falsoscopio”. En el hospital no nos faltan de esos curiosos objetos y uno de los más famosos es el conocido como “Chaparroscopio”. Así es. Si el nombre no resulta suficientemente descriptivo diré que en otro lugar lo llamarían simplemente “banco” o “escalón”, aunque tiene un nombre formal el cual de momento escapa de mi memoria. Es un utensilio que sirve para proyectar a las alturas el alcance vertical de la mano de cualquier persona que por alguna razón pretenda momentáneamente superar los límites que la naturaleza le impuso en éstos temas. Y los hay de diferentes capacidades, está el sencillo que es de un nivel y el más potente de dos.

No corro, no grito, no empujo.

En el hospital ocurren sucesos que creo comprender la razón por la que acontecen pero a pesar de eso no me agradan y menos aún cuando se vuelven hábitos irritantes que muchas veces derivan en conductas groseras que hacen difícil la convivencia por ofensivas e irrespetuosas.
Por ejemplo, yo comprendo que cuando se está atendiendo a un paciente y hay cierta urgencia no se tiene el tiempo y además pasa a segundo o tercer término el asunto de disponer de los desechos apropiadamente. Hablo de la basura, de empaques, envolturas, frascos vacíos, etc. así es que simplemente los tiran al piso y ya, aun teniendo al alcance un recipiente adecuado para tal fin. Creo que el ejemplo más claro y más extremo ocurre en las salas de operaciones. No creo que esté mal hecho, es cuestión de prioridades, lo cuestionable para mí es que hagan de esto una costumbre, que se manifiesta por ejemplo a la salida del quirófano. Cuando ya el personal se retira del lugar, se quita las botas, el gorro y la mascarilla quirúrgicos y simplemente los tiran al piso. ¿Por qué? Quiero decir que la emergencia ya ha pasado, es un momento en el que pueden tomarse unos segundos para depositar su basura en alguno de los dos botes que suelen estar ahí a menos de dos metros uno del otro. ¿Qué pasó mis estimados médicos? ¿Es muy difícil? No creo que lo sea más que la operación que acaban de realizar. Yo entiendo que pueden salir de ahí muy cansados pero poner la basura en su lugar no requiere de ningún gran esfuerzo. A veces me pregunto si es esa misma razón la que les hace pensar que no tienen la obligación de hacerlo: Vienen saliendo de haber realizado una gran obra y después de eso cualquier minucia puede ser pasada por alto. Sea cual sea la razón es algo que me parece deplorable. El colmo es que incluso es posible, y no culpo específicamente a ningún trabajador, ver tiradas en la calle mascarillas quirúrgicas (cubrebocas) usadas, no solo cerca de las puertas del hospital sino hasta en la parada de autobuses que está enfrente de la fuente de las 8 regiones.
Otro asunto que entiendo cuando sucede en el contexto de la atención médica urgente a una persona es el de los empujones. Es comprensible que si alguien que no está haciendo una labor esencial está estorbando el paso o dificulta el acceso al paciente de otra persona que precisa realizar una tarea importante ésta no tenga más opción que desplazarla físicamente sin ninguna gentileza, en esos casos no hay ni un segundo que perder en fruslerías como los bueno modales, no hay tiempo para sutilezas como: “¿Me da permiso, por favor?”, “Con su permiso”, “Permítame, por favor”. De eso nada, empujas y ya. Está bien, es comprensible. Otra cosa muy diferente es cuando uno está por necesidad obstruyendo el paso mientras realiza alguna actividad y otra persona demasiado impaciente que en realidad no está ocupada en nada urgente sino que es demasiado impaciente y siente que tiene derecho de paso y se niega a esperar y sin mediar palabra te empuja sin ninguna consideración. Bueno, no es que uno que es empujado termine en el piso pero sí es muy desagradable que así de repente alguien se acerque por detrás o de costado y te tome con firmeza por los brazos y te haga a un lado sin siquiera mediar palabra o disculparse. Para mí eso además de una falta de respeto también es como una falta de empatía, no ven a los demás como personas sino que en forma egoísta los perciben como obstáculos que deben superar en la forma que sea. En una ocasión me encontraba al lado de un paciente que se estaba acostado en una camilla e iba a ser movilizado a otro servicio, antes de llevarlo se le tenía que aplicar un medicamento, yo estaba ayudando con la atención al paciente y en eso llega una residente de primer año con el medicamento y aunque no había ninguna prisa en hacerlo llegó hasta el paciente y como mi mano al parecer le estorbaba simplemente me sujetó por la muñeca y la apartó del paciente con cierta brusquedad y sin decir palabra. Lo que más desconcierto me ocasionó es que actuó con toda naturalidad como quien quita de la mesa un florero que no le merece ninguna consideración.
Pero lo contrario también suele suceder. A veces uno tiene que pasar por algún lado mientras lleva a un paciente en silla de ruedas o en camilla y se topa con que alguien de entre el personal, usualmente médico o de enfermería, está obstruyendo el paso ocupado generalmente en cosas sin importancia, como conversando con alguien o absorto en el uso de su celular. Aunque a veces dan ganas de arrollarlos, porque a pesar de que es notorio que están obstaculizando el paso no tienen usualmente la iniciativa de hacerse a un lado, en lo personal siempre me contengo, bueno, excepto en una ocasión en que… bueno, fue un accidente en realidad, debido a un error de cálculo, aquella vez una médica recibió un leve, muy leve golpe en el pie, solamente un rozón en realidad, de una llanta de una silla de ruedas… (excusez moi, mademoiselle…). Pero como decía, surge entonces de lo más profundo de mi ser después de respirar hondo una petición, casi una súplica:

  • ¿Me da permiso, por favor?
Y es que a lo mejor sólo soy yo pero podría pensarse que en tal situación el vehículo tiene la preferencia y pienso que ni siquiera debería ser necesario pedir permiso para pasar, no por el vehículo mismo, ni por quién lo conduce sino por quién está siendo transportado en él, esto es, por el paciente a quien le debemos consideración y respeto y es para quien trabajamos en el hospital, de modo que creo que lo ideal es que todos los que andamos por ahí estorbando tengamos siempre la iniciativa de ceder el paso a éstos pacientes. Sin embargo los efectos no son los esperados y es que claro, no es como decir: 


Expecto patromun!



Y lo único que consigo es que la persona en cuestión se mueva exactamente cinco centímetros, ¡como si fueran unas varitas de nardo! ¿Qué es esto? A veces he pensado que si repito el conjuro seis veces podría ganar treinta centímetros de espacio, pero no, parece que no funciona así y tiene uno entonces que maniobrar en el estrecho margen que sus MAJES-tades tienen a bien dignarse a otorgar. También es frecuente que de repente alguien se atraviese o quiera adelantar a toda costa a la camilla o silla de ruedas que va por ahí. Si se tratara de algún asunto urgente que tienen que atender sería comprensible, pero casi nunca es así y parece ser que únicamente piensan, creen o sienten que ellos DEBEN pasar primero. Y pienso otra vez en el asunto de la preferencia, me imagino que son aquellos del tipo de persona que en un cruce de vías por alguna oscura razón intentarán siempre ganarle el paso al tren o al autobús, incluso a una ambulancia, como aquél automovilista que embistió a una ambulancia en un cruce de calles en la colonia Reforma, camino al hospital, haciéndola volcar sobre un costado. Ahí trasladaban a una mujer embarazada.
Y luego está por otro lado el asunto de los gritos. El hospital no suele ser un sitio ruidoso, en todo caso no debería, pero bueno, hay algunos días de tianguis cuando en algunos servicios o lugares muy señalados se les ocurre poner música estruendosa.
No obstante y aunque otra vez se trata de un asunto que puede ser comprensible en cierto contexto, hay muchas personas que prefieren comunicar sus peticiones a gritos todo el tiempo. No creo que cueste mucho acercarse a una distancia conveniente para hablarle a otra persona a un volumen normal, ¡estamos hablando de unos cuantos pasos, caramba! En lo personal siento cierto aprecio por las personas que así lo hacen, porque sí las hay, y muchas, en vez de andar dando de gritos como si estuviéramos en el potrero:

  • ¡Eaaappppaaaaa, camillero! ¡Écheme las vacas y los becerros!

Otros momentos de enfermería.


La vida social de las enfermeras puede llegar a complicarse un poco. Dice La Enfermera Saturada (Satu, para los amigos) que por lo menos la suya sí lo es debido a que trabaja en una modalidad de eventual mucho más extrema que nosotros en el H.G.D.A.V. y sus horarios suelen ser una locura. Pero no son solo las guardias las causantes de esas complicaciones de las que hablo, suelen serlo también algunos hábitos propios de su profesión que en ocasiones trasladan a otros aspectos de su vida distintos a su trabajo.
Resulta que cuando se presenta un paciente para ser atendido la enfermera lo observa atentamente pero por favor no vaya usted a emocionarse, tómelo con calma, vamos, continúe siendo paciente… no se deje llevar por las exageraciones sobre el Síndrome de Florence Nightingale, también llamado Efecto Florence Nightingale, aunque médicamente no es un síndrome como tal con todas las de la ley y dejando de lado que Miss Nightingale en realidad nunca se enamoró de uno de sus pacientes, consiste a grandes rasgos en que una persona al cuidado de otra desarrolla sentimientos románticos por ella, aunque también puede ocurrir al revés y quizá esta variante sea lo más usual, un ferviente apego del enfermo a la persona que lo cuida. Ya en vida de Miss Nightingale en el año de 1857, el poeta estadounidense Henry Wadsworth Longfellow escribió sobre ella:
"Los heridos en la batalla,
en lúgubres hospitales de dolor;
los tristes corredores,
los fríos suelos de piedra.
¡Mirad! En aquella casa de aflicción
Veo una dama con una lámpara.
Pasa a través de las vacilantes tinieblas
y se desliza de sala en sala.
Y lentamente, como en un sueño de felicidad,
el mudo paciente se vuelve a besar
su sombra, cuando se proyecta
en las obscuras paredes." 
Donde retrata la devoción que puede llegar a sentir un paciente por la persona que le brinda cuidados. El de la enfermedad y la convalecencia son momentos que el primero suele vivir con intensidad, muchas veces lindando con la desesperación, y si en ese momento llega alguien casi a darte cobijo, a desvelarse dándote sus atenciones es natural que nazca entonces una enorme gratitud. Aunque uno sepa como paciente que a final de cuentas es un trabajo por el que le pagan no puede dejar de pensar que no obtiene nada extra por ser amable, por dedicar unas palabras de aliento o por prestarse aunque sea unos momentos para escuchar. Yo sé lo que se siente, no sólo como paciente, sino como familiar de uno de ellos. En una ocasión una personita a la que quiero mucho enfermó y necesitaba una inyección, era ya tarde en la noche y estaba lloviendo, el medicamento lo teníamos pero faltaba quien lo pudiera aplicar. Recordé entonces que una persona que era mi vecina era también enfermera así que me atreví a ir a tocar su puerta y pedir su ayuda. Y aceptó. Y así en el frío de aquella noche y bajo la lluvia fue a ayudarnos. En ese momento no contaba con la cantidad con la que me hubiera gustado, y con la que sería adecuado corresponder a su gentileza porque acababa de comprar los medicamentos así que le ofrecí lo que tenía. Ella no quería tomarlo pero insistí, le dije que seguramente no era el monto apropiado pero que de todos modos para mí no había suficiente en el mundo con qué pagarle y demostrarle mi gratitud, que en ese momento era mi heroína. Y finalmente aceptó.
Yo creo que en realidad es poco frecuente este síndrome anteriormente mencionado, además de no ser lo más apropiado aunque por supuesto, caras vemos, corazones no sabemos… no conozco tan a fondo el medio de la enfermería así es que desconozco cuán usual puede ser en realidad. Pienso que algo que sí puede ser más frecuente es que una enfermera empatice fuertemente con determinados pacientes o que sienta compasión especialmente por algunos de ellos, es cierto o al menos esa impresión tengo, que es muy común que se forme temporalmente un fuerte vínculo entre ellos pero que se enamoren no lo es tanto como en el imaginario colectivo. ¿Y por qué es que llega a ocurrir? Pues creo que puede ser la exacerbación de un sentimiento muy natural que seguramente fue muy útil para la subsistencia de la especie; el sentir por un desvalido, la piedad con el necesitado, la solidaridad con el que sufre que termina siendo la motivación para brindar asistencia. Se podría decir que muchas veces las enfermeras sienten amor por sus pacientes pero no generalmente en un sentido erótico sino aquél que en el concepto latino se conoce como caritas mientras que el griego nos remite a la manifestación del amor conocida como ágape, que junto con philos (amistad) forman lo que a mi juicio es nada menos que el amor total (eros, philos y ágape). No creo, como dicen, que se trate de distintas formas de amor sino más bien considero que son diferentes manifestaciones de un mismo sentimiento, pienso que así es porque al final de cuentas se termina ofreciendo algo: Lealtad, amistad (philos), asistencia, solidaridad (ágape) y la propia persona, físicamente (eros). En fin.
Decía entonces, que uno podría equivocarse al notar que la enfermera lo observa con cierto interés, pero mantenga la calma (¡ni que tuviera tanta suerte, ja!), lamento ser quien rompa algunas ilusiones pero si lo hacen es con el fin de analizar lo que se llama habitus exterior en busca de cualquier indicio que ayude a identificar su padecimiento.
El habitus exterior es el conjunto de datos obtenidos de la inspección general, es decir a simple vista sin realizar ninguna otra maniobra de exploración física y sin ningún interrogatorio, entre los aspectos a observar tenemos:
  • Edad aparente.
  • Sexo.
  • Actitud.
  • Posición.
    • Bipedestación (de pie).
    • Sedentación (sentado).
    • Decúbito (acostado).
      • Dorsal o supino. (Sobre la espalda).
      • Ventral o prono. (Sobre el vientre).
      • Lateral. (Sobre uno de sus costados).
  • Movimientos.
  • Marcha.
  • Biotipo morfológico. También conocido como estado constitucional, que es el la combinación de factores físicos, psicológicos y fisiológicos en los cuales interviene la herencia y el medio ambiente. (Lucía Carrera, Biotipo morfológico o estado constitucional, https://prezi.com/lnqwiiypv26c/biotipo-morfologico-o-estado-consitucional/)
  • Arreglo personal.
  • Estado nutricional.
    • Adecuado.
    • Sobrepeso.
    • Obesidad.
    • Emaciación (adelgazamiento patológico).
    • Desmedro (peso por debajo del correspondiente a la talla).
  • Piel y anexos.
    • Coloración.
    • Tersura.
    • Hidratación.
    • Cicatrices.
    • Tatuajes.
    • Perforaciones.
  • Facies (expresión facial, coloración, etc.).
(Juan José García García, El mensaje epidemiológico del habitus exterior del paciente, http://www.ejournal.unam.mx/rfm/no53-6/RFM053000603.pdf).
Supongo que ésta práctica de observar atentamente muchas enfermeras han de trasladarla a situaciones cotidianas ya que se puede volver un hábito, lo cual puede dar pie a equívocos sobre todo en personas que no sean especialmente perspicaces y tiendan a pensar en modo simplista, que a mi parecer hay muchas, por desgracia. ¡Vamos, muchachos! Que puede haber miles de razones para que otra persona les sonría cortésmente y les diga “Buenos días” y seguramente ni una sola tendrá que ver con lo que ustedes puedan considerar su “atractivo personal”. ¡Así que por favor mantengan la calma y ubíquense!

Otras tribulacioness.


Otro día, otro servicio. Las cosas están en calma, de repente me llaman para pedirme que lleve una receta a la farmacia.

  • Vaya a que le surtan esto, que me urge.
Y allá voy.

  • Compañero, buenas tardes. Traigo una receta de un servicio cualquiera. Dice la jefa que le urge. – La toma con displicencia, echa una ojeada rápida y exclama:
  • ¡Le falta el &%$#&# número de expediente! – Y me regresa el papel.- ¡Dígale que deben llenar bien la ¿&%$#& receta! ¿Qué son #$%&=! o qué?
No puedo llevar ese recado, así es que cuándo regreso lo edito convenientemente y le digo a la enfermera:

  • Jefa, dice el compañero que alguien olvidó poner el número de expediente y que por norma no puede surtir recetas incompletas, que si puede por favor anotar el dato que falta. - ¡Uff! Hacer de traductor es cansado.
  • ¡Me reca…rgo en la pared! ¿Qué no le dijo a ese &%$@&# que es urgente? – Yo respondo afirmando enfáticamente con la cabeza - ¡Me lleva la #$@%&” &%@$#! ¡Interno! ¡Doctor interno…! – Llama a uno de los estudiantes.
Aparece el interno con expresión en el rostro que parece preguntar: “¿Ahora qué hice?”

  • Dígame, ¿qué pasa?
  • ¡No le puso el número de expediente! ¿Qué no ve que es urgente y el &%$#&@# de la farmacia no la surte así? – El interno busca el dato que falta y lo anota.
  • Aquí. – Le digo – Démela a mí. – Porque la enfermera se ha ido dando voces buscando al compañero de limpieza, pero no sin antes decirme :
  • ¡Dígale a ese @#$%& que no sea %&@#$, que ME URGE! – Y le vuelvo a responder con la cabeza.
Tampoco puedo transmitir ese mensaje literalmente. Llego otra vez a la ventanilla. ¿Por qué hay una ventanilla como si fuera esto un banco? Y además las hay por todos lados; en archivo clínico, en el nuevo módulo de información, en las cajas de cobro… Son de esas que en la parte de abajo tienen una ranura para pasar papeles y en la parte media una abertura circular que yo supongo ha de ser para meter la cara porque la cabeza completa no cabe. De ser yo el responsable haría que las quitaran, esto es atención al público y al tenerlas ahí sólo dificultan la comunicación, pero bueno, intento creer que hay una buena razón para haberlas puesto. El punto es que otra vez tengo que editar el mensaje:

  • Listo, aquí está la receta. – Le digo al encargado, omitiendo por supuesto los saludos cordiales, mientras se la entrego. Él no parece estar muy convencido todavía de surtirla.
  • ¡Esa &%$#& firma no vale! ¡Dígale que debe firmar el &%$#& adscrito y no el &%$#&# del R2! – Y me la regresa todavía más irritado que antes.
“¡Uuufff! De haber ido con el Doctor Simi o a Farmacias del ahorro ya habría terminado mi suplicio hace rato”, me digo frustrado al verme atrapado en medio de una lucha de gigantes que convierte el aire en gas natural.

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Otro día, otro servicio. Me piden que vaya, a donde tenga que ir, a conseguir un frasco de 135 ml de un elixir mágico de esos que purifican el aura para un paciente que no tiene muy buenas vibras (o bueno podría ser solución glucosada al 10% de 1000 ml o un frasco de 500 ml de una solución de aminoácidos cristalinos con electrolitos al 8.5 % o cualquier otra que suele escasear en el hospital). Y allá voy. En el servicio de escolares no tienen más que dos y los cuidan como el tesoro que son, que ni a sus pacientes se los dan y no me dan ninguno, ¿pos qué me creo? En la E.M.I. no hay, ni en la U.C.I., las que tienen en quirófano, como dos cajas, ya caducaron así que mejor no, gracias. Sigo mi peregrinación y cuando me dicen en el servicio de Cirugía y especialidades que nanais me decido a subir directamente a Tococirugía, que ahí seguro que tienen, según un consejo que me dan por ahí. Y sí. Ya de una vez pido tres o las que puedan darme y es que siempre me gusta hacer bien los mandados, para que por lo menos sirva yo para algo. Pero no, sólo dos, que ellos ocupan mucho de eso. Y allá voy de regreso al servicio donde lo necesitan. A estas alturas ya pasaron no menos de 15 minutos de andar errando por el hospital. En el camino me encuentro con un compañero que me informa que me están buscando con desesperación en el servicio.
Apenas entrar la enfermera casi me grita:

  • ¿Pero dónde andaba? ¡Los estoy buscando y usted nada que aparece! – ¡Me hierve el buche! En mi imaginación, como en los dibujos animados, me sale humo por las orejas y tengo el rostro rojo por la ira que me causa la ingratitud.
  • ¡Pero si usted misma me mandó a buscar esto! - Le respondo mostrándole en alto los trofeos con los que tan orgullosamente volvía a informar de la misión cumplida.
  • ¡Ya tengo aquí uno! – Me replica levantándolo también para que yo lo vea bien. “¿Y para qué rayos me mandó a buscar entonces?”, me pregunto enfadado, haciendo un gesto de decepción - Bueno, déjelos allá y vaya a ver qué quiere la compañera, que le URGE, tiene rato que lo está buscando. – Me dice haciendo énfasis en la palabra “urge”, así que me acerco a donde está la aludida.
  • Dígame usted, jefa.
  • Súbale el barandal a esta cuna. - Me dice. Yo no puedo creer que sea esa la gran urgencia y le pregunto si necesita algo más.
  • No, era eso, nada más. – Me responde.
Y me pregunto entonces por qué algunas enfermeras tan enfáticamente le recalcan a los pacientes que no es lo mismo una urgencia sentida que una real si al parecer ellas mismas son incapaces de distinguir entre una y otra.

Trabajadores fantásticos y dónde encontrarlos.


Deseo en esta ocasión reflexionar hasta donde mis capacidades me lo permitan y comentar sobre un hecho que seguramente alguna de las personas que tengan la gentileza de leer estos dislates que surgen del teclado de esta computadora con la que escribo han percibido por su cuenta antes. Como disculpa puedo decir que la computadora ni siquiera es mía. En fin. Lo que deseo finalmente comentar es cómo muchas veces muchas personas tenemos una tendencia muy marcada a enfocarnos en los aspectos negativos, en resaltar lo que no concuerda con nuestros puntos de vista, en encontrar los puntos débiles. Y es que además resulta que criticar es muy fácil y muchas veces hay involucrado un placer malsano en el chismorreo vil. Y no, no creo que decir esto sea como escupir para arriba porque el 99% de las veces en que alegremente me entrego a la crítica de todo lo que me parece criticable me cuido de fundamentar mis palabras en hechos que me constan o en el testimonio de personas dignas de confianza. Una vez hecha la aclaración, prosigo.
Reconozco humildemente que de algún modo he incurrido en parte en esa práctica que menciono, la de enfocarme en los aspectos oscuros, no es una justificación válida, pero vamos, es que además es lo que vende… Ahora como reivindicación y en un intento de reparar los posibles daños ocasionados iré contra esta costumbre y hablaré (o escribiré, mejor dicho, o mejor escrito… bueno, la idea es esa…) en un sentido distinto. Porque corro el riesgo de dejar entre quienes pudieran llegar a leer regularmente esta humilde colaboración la impresión equivocada de que en el H.G.D.A.V. sólo ocurren cosas malas y que es un sitio lúgubre y aterrador. Eso no es cierto.
Por ejemplo, en diciembre del 2018 como parte de un mensaje de felicitación con motivo de las fiestas decembrinas, el encargado del despacho del Director del H.G.D.A.V. (desconozco si ya es formalmente el director), Ernesto Garzón, dio a conocer que gracias al trabajo del personal que ahí labora se ha logrado revalidar la acreditación en la atención de pacientes con cáncer cervicouterino y además también se ha obtenido una acreditación en la atención de pacientes con cáncer de mama. Son buenas noticias no sólo porque aquellas personas que lo necesiten pueden acudir al hospital con la confianza de saber que la atención que recibirán será de calidad, sino porque gracias a esa acreditación habrá más y mejores recursos para continuar brindando la atención. Es como para colocar un gigantesco like en la azotea del hospital. ¡Bien hecho! Pero no creo que podamos ya decir “¡Misión cumplida!”, ojalá podamos continuar así e incluso mejorar.
Anteriormente he criticado a algunas personas que trabajan en el hospital y quizá he dado la falsa imagen del trabajador del H.G.D.A.V. como una persona mal encarada y gruñona. Esto tampoco es así. Hay personas muy gentiles y capaces en ese lugar, me veo tentado a mencionar los nombres de algunas que conozco, aunque seguramente hay muchas más que no he tenido el gusto de conocer, quisiera hacerles un reconocimiento público y que todos sepan que tenemos a estas personas extraordinarias entre nosotros, a quienes en lo personal admiro y respeto, pero quizá eso podría incomodarles y seguramente es algo que no desean, así que me abstengo de hacerlo en este momento.
Pero creo que sí puedo comentar algunas generalidades y quiero antes de empezar mencionar que personajes interesantes, curiosos y notables los ha habido siempre en el hospital. Por ejemplo tenemos a uno que menciona el historiador José María Bradomín en su libro Crónicas (Del Oaxaca de hace cincuenta años), publicado en 1976, en el capítulo 11 titulado “Boticas, médicos y curanderos”.
“…las gentes de aquel tiempo, en tratándose de aliviar cualquier dolencia o pequeño achaque corporal, siempre tenían a la mano el recurso indicado por su profundo sentido de observación y su experiencia, lo que no impedía también que en ocasiones recurrieran a los servicios de algunas otras personas que, derivando sus conocimientos de la experiencia y práctica adquiridos a través de los años –como aquel popular Médico a Palos, don José González, viejo empleado del Hospital General que llegó a tener una estimable clientela entre la gente de los pueblos circunvecinos…”
Yo supongo que este buen hombre era alguna clase de asistente de los médicos de ese Hospital General, antecedente directo de nuestro “Aurelio Valdivieso”, o bien alguna clase de aprendiz o estudiante no oficial, que a fuerza de practicar con ellos, como apunta el historiador, adquirió ciertos conocimientos que le permitieron asistir a quienes por alguna razón no deseaban o no podían acudir al hospital.
Actualmente tenemos por ejemplo a una enfermera que he visto regularmente por las áreas de ginecología. Es una mujer de mediana edad, que tiene una notoria experiencia y sin duda grandes capacidades ya que según me parece tiene la categoría de jefa de servicio. Tiene una gran templanza de carácter, yo diría que a prueba de todo, no la he escuchado alzar la voz en ninguna ocasión, siempre se le ve sonriente y de buen ánimo y usa un tono moderado al hablar, incluso cuando ha tenido alguna confrontación con otras compañeras la he visto serena. Para uno como paciente es sumamente reconfortante y te brinda una gran seguridad saber que la enfermera que lo asiste tiene además de todos los conocimientos requeridos, esa cualidad para dirigirse a uno con toda la paciencia requerida sin ser condescendiente, para brindarnos a la par de los cuidados profesionales necesarios su comprensión y respeto. La llamaremos en esta ocasión “La jefa L”.
Un compañero que incluso ha sido ampliamente felicitado en redes sociales por algunos usuarios se encuentra trabajando en el módulo de información de la consulta externa del hospital, es un tipo joven y preparado, con gran vocación de servicio y paciencia para dar indicaciones a los usuarios que llegan todas las mañanas a recibir atención, pero no es todo lo que hace, también se encarga de actuar como enlace entre los familiares de los pacientes hospitalizados y quienes se encargan de la atención de dichos pacientes en los servicios además de seguramente otras actividades propias de su puesto que desconozco. Lo llamaremos de momento “Licenciado M”.
Una gentil dama que es enfermera la he topado curiosamente también en las áreas de ginecología. En lo personal me llevé una grata sorpresa la primera vez que tuve el placer de colaborar con ella. Reconozco que antes de eso cometí el tonto error de juzgarla por la imagen que según yo proyecta, casi le pido disculpas (de rodillas) en ese momento por haberme equivocado en forma tan garrafal, aunque por supuesto que ella no lo sabía (quizá ahora se entere), tenía yo la impresión equivocada de que se trataba de una persona dura, arrogante e insensible. En realidad es todo lo contrario. Es amable, es simpática y empática y sensible, es también muy joven pero sumamente dedicada y profesional. Es un poco reservada pero no creo que sea tímida, más bien tiene un gran aplomo y seguridad. No sólo es una gran profesional, es además una gran persona. La llamará aquí “Enfermera A”.
Está también una médica residente, excelente persona, muy joven, que en lo personal me ha impresionado mucho por las cualidades que posee. Es la única médica que he visto en todo el hospital que estrecha la mano de todos y cada uno de los pacientes que atiende y de sus familiares cuando llegan a recibir la atención. Es atenta y considerada al hablarles y muy amable. Una vez escuché a una paciente exclamar, “¡Pero qué linda doctora me tocó!”. Y efectivamente, es una joya. Es un ejemplo para sus compañeros, que harían bien en aprender algo de ella mientras la tenemos entre nosotros. Le auguro sólo cosas buenas, estoy seguro que su carrera como especialista será brillante y llena de éxito puesto que tiene todas las cualidades para triunfar en el mejor sentido de la palabra. La llamaré aquí “Doctora L”.
Un caso especial entre los excepcionales, motivo de orgullo para el H.G.D.A.V., es el de la única Enfermera Cirujana. No sólo del Hospital Civil, no de la ciudad ni del estado, ni del país o del continente, sino de Todo el Mundo, quizá del universo mismo. Es una joven dama, toda alegría, toda jovialidad y simpatía que entre otros tiene el talento único de poder establecer muy rápidamente una conexión con los pacientes que atiende por medio de su sentido del humor único y su vivacidad. Es, como dicen, un cascabel. Sin embargo es muy profesional y su compromiso con el paciente es tal que no duda en enfrentarse con otras compañeras cuando considera que aquellas fallan en los cuidados que deben ofrecer. Es una de esas personas que tienen la extraordinaria capacidad de convertir el lugar en el que se encuentran en uno mejor, sólo con llegar ahí. Es la “Enfermera R”.
Ya he hablado antes en este mismo espacio de la famosa “Jefita”, también conocida como “Morante de la Valora”, por su vocación toreril. Dama igualmente muy joven que tiene una gran energía y dinamismo y que desborda entusiasmo. A pesar de su juventud no le falta un gran profesionalismo y grandes conocimientos ya que cuenta con una sólida preparación académica. Es también afable y cordial, pero que nadie se engañe, es sumamente estricta cuando tiene que serlo. Para mí ella es de las llamadas a tomar la estafeta en el relevo generacional en la jefatura de servicios, quizá incluso en la supervisión de enfermeras. Es “La Enfermera A’“ (“A” prima).
Tenemos también dos caballeros de fina estampa a los que veo y tengo el gusto de poder saludar con cierta frecuencia y están uno por su parte en la consulta externa, es un neumólogo con un gran compromiso social, afable y de trato cordial (el “Doctor F”) y el otro me parece que es especialista en medicina interna, dueño de una agradable presencia, siempre impecable y finos modales (el “Doctor Who”). No sólo son especialistas que hacen un estupendo trabajo, sino que cuentan con el invaluable agregado de ofrecer al paciente un trato respetuoso y cordial.
Podría surgir una duda entre quienes tengan la gentileza de leer esta colaboración, se podría pensar que hablo de mis amigos, ¿y qué no diría yo de ellos? Pues en realidad no, sería un verdadero honor para mí pero de estas buenas personas sólo en dos casos me honran con su amistad y con el resto no he tenido el gusto de entablar una relación más allá del ocasional trato profesional.

Seguridad mínima.


Como cualquier lugar de trabajo y además sitio público, en el hospital se requiere mantener el orden y controlar el acceso a las instalaciones, así que se cuenta con personal que se encarga de la vigilancia y la seguridad. Con ellos y con el personal a cargo de la limpieza ocurre algo que a mi parecer es una injusticia, es explotación vil y sospecho que hay funcionarios de la secretaría de salud involucrados.
Ya he comentado antes que hasta hace algún tiempo, más o menos unos veinte años, existía un departamento de intendencia, eran trabajadores directos de la secretaría de salud y hace aún más tiempo atrás eran multifuncionales, lo mismo se encargaban de hacer el aseo que de la jardinería, camillería (o camillaje) y de todo lo demás en lo que médicos y enfermeras necesitaran apoyo, además de lo que no pudieran o no quisieran hacer. Por otra parte la vigilancia estaba a cargo de la policía auxiliar.
Pero entonces algo sucedió. Se decidió crear el departamento de camilleros, seguramente tratando de estructurar el servicio que se brinda a formas más modernas y adecuadas. La forma elegida para hacerlo fue integrar a todo el personal de intendencia a dicho departamento de nueva creación, con la respectiva capacitación de por medio. Como dice mi abuelita, hicieron un hoyo para tapar otro, porque evidentemente cubrieron una necesidad dejando descubiertas otras, ya que las funciones de los flamantes camilleros estaban más definidas y tenían objetivos específicos. En fin, que al modificar la organización quedó un espacio descubierto, el de la limpieza de las instalaciones. La secretaría decidió entonces contratar una compañía para que prestara esos servicios, yo supongo que con dos objetivos en mente: primero evitar la creación de nuevos contratos con cargo al presupuesto, esto es, no aumentar el número de empleados directos y en segundo término dar lugar a que algún o algunos vivales medraran con la creación de una empresa para tal fin. Siempre ha llamado mi atención que hayan existido varias de estas empresas que no subsisten más allá de un par de años. Aparentemente se van a la quiebra pero convenientemente otra emerge para tomar el relevo y generalmente contratan a la misma plantilla de la anterior. Me da por pensar que los dueños no son empresarios realmente o al menos no tienen esa visión de un negocio a largo plazo. Parece que sólo buscan la ganancia rápida invirtiendo lo menos posible. O bien son empresarios muy astutos que buscando evadir sus obligaciones patronales y fiscales simplemente cierran una empresa y abren otra para empezar de cero, que para eso hay un sinfín de trucos y toda clase de artimañas. Mis sospechas se han afianzado ahora que una empresa que estuvo a cargo de vender este servicio a los S.S.O. (LAVATAP) está implicada en asuntos algo turbios con la S.R.E., en donde se encargaron de prestar sus servicios y se reservó la divulgación de toda la información sobre los tratos entre ellos por “seguridad nacional”. Y donde hubo de por medio una muy sospechosamente elevada cantidad de millones de pesos, Y digo que estas empresas explotan vilmente a sus empleados porque se sabe que de la tarifa que le cobran a la secretaría por cada uno de ellos lo que finalmente perciben los mismos es alrededor del 30 % únicamente. Seguramente es por los bajos salarios que pagan y la elevada carga de trabajo que tienen una rotación de personal tan alta. No se me quita de la cabeza la idea de que hay funcionarios de la secretaría implicados, quizá como socios u operando a través de testaferros.
Ahora bien, en algún momento a la gente que maneja estos asuntos se le ocurrió que había todavía espacio para una expansión. Y el área de oportunidad que detectaron fue la seguridad. Como dije anteriormente, estas tareas solía estar a cargo de la policía auxiliar y era esa dependencia la que cobraba por el servicio. Entonces, aprovechando supuestas quejas de los usuarios y de los propios trabajadores acerca de la intransigencia de los policías, poca flexibilidad y un trato ríspido, el contrato o convenio que existía con esa institución fue rescindido. Así que nuevamente se creó un vacío que había que llenar y la gran idea fue repetir el mecanismo anterior y buscar o inventarse un proveedor de dicho servicio. Curiosamente actualmente es la misma empresa la que se encarga de ambas tareas. A mi parecer, si comparamos los servicios de una empresa privada con los de una institución como lo es la policía auxiliar, en general las primeras no salen muy bien paradas. Las principales diferencias que yo veo son la capacitación, el equipamiento, la disciplina y eficiencia. Bien o mal un policía tiene adiestramiento y si seguramente su trato al público no será el más cordial yo creo que se debe a que sabe que si no cumple a rajatabla las órdenes que se le dan se hará acreedor a una fuerte sanción que típicamente consta de un cierto periodo de arresto y no simplemente un regaño.
El asunto es que la vigilancia no es muy buena pero creo que nunca lo ha sido realmente. Si lo fuera sería más difícil explicar cómo se han robado en el hospital computadoras propiedad de la secretaría y hasta, según un rumor que he podido escuchar, un aparato de rayos x portátil. Éstos tienen un tamaño y peso considerables y si bien no es excesivamente voluminoso tampoco es algo que se pueda esconder en una mochila. Hay algunos, o mejor dicho casi todos los que tenemos aquí, que ya tienen cierto tiempo en servicio y hacen un pequeño escándalo cuando los movilizan por los pasillos, que en algunas partes hasta el piso retumba a su paso y se puede adivinar que un técnico de rayos x anda por ahí.
Cuando un novato llega una de las primeras recomendaciones que recibe es: “Cuida tus cosas”. La segunda es evitar entrar en controversias con el personal de base, porque nunca podrá ganar en un caso así, incluso si se tuviera la razón. Se entera uno entonces que es mejor no dejar nada de valor en los vestidores, por ejemplo, porque es muy probable que no lo vuelva uno a ver, vamos, que en ocasiones ni veinte pesos en morralla se salvarán y serán extraídos de los propios bolsillos de un pantalón. Supuestamente hasta una buena chamarra corre el riesgo de ser sustraída, no hablemos ya de un teléfono, una computadora portátil o una billetera. Un caso vergonzoso que se conoció es el de un par de hermanos, enfermeros de profesión, que actuaban coordinadamente para apoderarse de cuanto objeto de valor tuvieran al alcance. Y así como ese han ocurrido varios más, aunque no todas las desapariciones misteriosas, por no decir que ninguna, se aclaran. En una ocasión en un servicio se perdió algún dinero, un billete de $ 500.00, la afectada estaba furibunda, como es normal, y aprovechando que tenía cierta jerarquía hizo que el servicio fuera cerrado con la finalidad de encontrar su dinero perdido. Total que hizo esta persona que registraran a fondo a todos los presentes, una mujer policía acompañó a las damas y un elemento masculino a los caballeros, pero el billetito no aparecía. Tuvo entonces aquél personaje la idea de solicitar que revisaran en los zapatos y ahí salió el peine, el dinero estaba escondido en uno de los zapatos de una enfermera. Esto descalifica completamente a aquellos que tienden a culpar, cuando se pierde algo,a los compañeros que ellos ven más humildes. Personalmente he visto cómo compañeros del servicio de limpieza han devuelto teléfonos celulares, llaves y billeteras, así es que caras vemos, mañas no sabemos.
En cierta ocasión llegaron unos policías de cierta comunidad que venían a cargo de un detenido que llevaron a recibir atención médica. Uno de ellos, el que iba al mando, tuvo la ocurrencia (no le preguntó a nadie ni pidió permiso) de poner a cargar la batería de su teléfono portátil en un enchufe que localizó en uno de los pasillos, lo que por cierto está prohibido para pacientes y visitantes y hay letreros que así lo indican. Se fue entonces a realizar unos trámites y no tardó más de diez minutos en volver por él. Pero desagradable y mayúscula fue su sorpresa al ver que su querido teléfono ya no estaba ahí. Confundido y un poco esperanzado en que alguien pudiera darle informes de su paradero empezó a inquirir a algunos compañeros que se encontraban cerca. Pero nadie supo, para su gran decepción, darle mayores datos. Finalmente alguien le dijo: “Creo que te lo robaron, amigo”. Ante lo cual el tipo sin poder ocultar su consternación exclamó: “¡Pero cómo! ¡Si esto es un hospital!”.
Ciertamente cabría esperar que episodios similares no fueran tan frecuentes como lo son. Y es innegable que la mayor parte del tiempo en muchos sitios dentro del nosocomio la mayoría de las personas que ahí nos encontramos somos los que ahí trabajamos. Otras personas más pueden entrar, pero no a todos lados, para esto se supone que hay un control, aunque de todos modos por todos lados puedes ver personas que no trabajan ahí. En lo personal no puedo entender qué puede necesitar un paciente o el familiar de uno de ellos para que tenga que ir a dar vueltas por la lavandería, el almacén, la farmacia interna o la rampa para el acceso de vehículos, pero es común topárselos por ahí.
Hay un vigilante en cada una de las puertas de acceso al hospital, pero el filtro no es tan estricto o efectivo como debería, yo me imagino que en parte se debe a que los compañeros de vigilancia intentan evitar fricciones con los usuarios lo más que pueden, aunque seguramente puede ocurrir que alguno actúe en contubernio con personas malintencionadas. Como parece que ocurrió en el caso de la mujer que mal disfrazada como enfermera pudo sustraer un bebé casi tomándolo directamente de los brazos de la madre. Se dijo entonces que uno de los vigilantes la ayudó a entrar y salir. Por cierto que la reacción de la empresa encargada de la seguridad fue inmediata, contundente y ejemplar: Le cambiaron el uniforme a sus elementos.
Un caso del que no puedo dar fe pero que se comentó ampliamente en los pasillos del hospital fue el de un hombre que aparentemente portaba un uniforme de la compañía Teléfonos de México, que logró entrar mostrando a los guardias una supuesta orden de trabajo. Se presentó en algún o algunos servicios y de alguna manera logró acopiar varios teléfonos celulares, y supuestamente también por ahí alguna computadora portátil y una tableta. Y luego desapareció. Resulta que no era empleado de TELMEX ni existía tal orden de trabajo.
Prácticamente todos quienes trabajamos aquí alguna vez nos hemos llevado algo que no nos pertenece: vendas, alcohol, cinta microporosa, jeringas y tela adhesiva, también conocida como “tela agresiva”, entre lo más común. En el medio hospitalario internacional, según la Enfermera Saturada, se sabe que existen básicamente dos tipos de esta cinta: la que no se pega y la que no se puede despegar. Lo cierto es que se trata de una pequeña maravilla realmente, lo mismo es útil para sujetar el dobladillo de alguna prenda de vestir que para fijar letreros en las paredes, como base para realizar algunos rótulos, para reparar pequeños desperfectos, como parche de cualquier cosa que necesite uno, como aislante o para contener fugas y se rumora que hay personas que son perfectamente capaces de arreglar un pequeño hueso fracturado o un dedo lastimado con un solo rollo de esta cinta engomada. Y no siempre se la lleva uno deliberadamente, en ocasiones al estar en el trabajo se usa un poco de ella y luego se la guarda en algún bolsillo y para cuando se la vuelve a encontrar ya hemos salido y hasta estamos en nuestro hogar. Creo que podemos estar seguros que en el hogar de cualquier persona que trabaje en un hospital se podrá encontrar al menos un rollo de tela adhesiva.
Hasta aquí, aunque en forma cuestionable por demás, se puede decir que es hasta cierto punto normal y sin embargo yo mismo puedo darme cuenta de lo horrible que esto suena. Pero se pone aún peor porque no falta quien se lleve cloro, detergente en polvo, toallas de papel (conocidas con el nombre comercial de “sanitas” o “dobladitas”, según la marca), sábanas (sí, sábanas), termómetros, pañales y algunas otras cosas.
Desde hace algún tiempo se instalaron cámaras de vigilancia pero son pocos los casos en los que son de utilidad. Desconozco si no funcionan adecuadamente o no están colocadas en los sitios más adecuados o son insuficientes.